¿Son los videojuegos un medio menos intelectual que la literatura?


 El mensaje en los videojuegos, la transmisión de ideas, es muchas veces algo secundario a la propia jugabilidad y provisión de disfrute. En cambio, un libro abre las puertas de tu mente a la transmisión más cruda y pura de ideas: las propias palabras del autor. No hay más interlocutor, nada que te separe del autor más allá de tu capacidad para leer. 

Sabiendo esto, ¿es jugar a un videojuego una actividad intelectual comparable a la lectura? Hay videojuegos considerados de autor, que buscan transmitir una sensación concreta y todos sus elementos están destinados a ella: la soledad en Dark Souls, la resiliencia de Getting Over It... Pero puedes jugarlos sin pararte a pensar en nada de esto. Puedes jugar a Spec Ops The Line para desahogarte pegando tiros, o jugar a Journey porque se ve bonito. Sin embargo, ¿puedes leer Los Desposeídos de Ursula K. Le Guin sin percibir el profundo mensaje anticapitalista o la complejidad de la creación de las ideas? La respuesta es... que sí. Si sabes descrifrar el significado de todas sus letras juntas, lo estás leyendo. Y puede que en algún momento incluso te entretenga.


Entonces, ¿por qué yo, que he leído este libro con atención e interés, juego a Dark Souls pensando tan sólo en lo guapo que está este jefe o esta armadura que he encontrado? Por una sencilla razón: que es lo que busco. 

Creo que tenemos un aura elitista alrededor de la lectura. No quería creerlo, pero el pensamiento me lleva ahí. El medio no tiene culpa de nada, porque tan sólo depende de lo que hagas con él: es terriblemente subjetivo. 

Yo he crecido jugando a videojuegos, volviéndome probablemente un adicto suave por la falta de mesura. Ya los juego con una mentalidad determinada, la de completarlo para pasar al siguiente. No es que no los disfrute o no saque nada de ellos, pero esa idea subyace siempre. En cambio, he comenzado a leer hace poco. Hace tan sólo cuatro años, buscando un cambio en mi vida. Tenía un objetivo claro: profundizar en mi entendimiento del mundo a través de un medio que cruza fronteras y tiempos. Y esta es la clave: buscaba algo. Desde entonces, no dejo que un libro pase por mi sin dedicarle al menos un pensamiento largo. Me parece fácil, dado el tiempo que hay que dedicarle, pero no tiene por qué. Mucha gente tiene la relación con los libros que yo tengo con los videojuegos: devorar uno tras de otro sin más. Así es como yo he llegado a ser con los videojuegos, aunque me pese.

En resumen, son medios completamente diferentes, pero quienes acudimos a ellos lo somos todavía más entre nosotros. Nuestra historia lo determina todo. Si empezase con los videojuegos ahora, con curiosidad, estaría fascinado a cada paso y los pensamientos brotarían solos. Pero ya he visto tanto, y tan compulsivamente, que me es difícil discernir el impulso por divertirme de la curiosidad. Intento cambiar esto, porque estoy seguro de que se puede, pero mientras tanto he decidido que no voy a denostar a los videojuegos. Todo esto, aún teniendo en cuenta que existen en ambos medios ejemplos completamente faltos de ideas. Pero alguien con verdadera sed intelectual sabe que incluso de la ausencia se puede sacar algo.

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