En Civil War, película de Alex Garland, tanto nosotros como los protagonistas somos meros espectadores. Asistimos a momentos de injusticia, violencia, represión y abuso, pero no podemos hacer nada. Todo ocurre bajo nuestra supervisión, pero sin nuestra participación. Somos espectros que observan el paso del tiempo sobre un lugar.
Hacemos como si no pudiésemos hacer nada, como si fuésemos neutrales. Aceptamos que nuestro papel en el mundo es pasivo. El cambio es imposible.
Lee, la protagonista, no puede soportarlo más. Grita, grita impotente mientras todo llega a un punto crítico no porque tema por su seguridad, sino porque la impotencia ha alcanzado el umbral de su indiferencia. Había aprendido a ser indiferente, pero su amigo Sammy acababa de morir y no podía más.
Poco después, se sacrifica en el único y final acto de intervención que puede hacer en el horror diario, salvando a su nueva amiga y, probablemente, sucesora. Porque heredará su trabajo y lo que le ha transmitido, pero también sus demonios.
Comentarios
Publicar un comentario